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Imagen: © Martin Schenk S.L.

Una reflexión contrarian sobre cómo hemos malinterpretado el concepto más sagrado del mundo startup 🔄

¿El MVP ha muerto? Una reflexión contrarian sobre el fetiche del producto mínimo

Ayer mismo me cruzé con el tercer emprendedor de la semana que me dijo: «Estoy lanzando mi MVP». Y aquí viene mi provocación: creo que hemos convertido el concepto de MVP en una excusa para lanzar productos mediocres. Desde mi perspectiva como alguien que ha visto miles de pitches en 2025, el «Producto Mínimo Viable» se ha transformado en el «Producto Mínimamente Vergonzoso», y eso es un problema.

Sí, Eric Ries nos dio una herramienta poderosa con la metodología Lean Startup. Y sí, los datos son brutales: 9 de cada 10 startups fracasan, muchas por construir castillos en el aire que nadie quiere. Pero lo que encuentro particularmente preocupante es cómo hemos malinterpretado la esencia del MVP. No se trata de hacer algo cutre y rápido; se trata de identificar la hipótesis más crítica de tu negocio y diseñar el experimento más elegante para probarla.

¿Ha muerto el MVP? Por qué el «mínimo viable» ya no es suficiente en 2025 – Carousel Image
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El problema con el MVP dogmático

Mi análisis sugiere que estamos viviendo una paradoja interesante. Por un lado, tenemos casos como 📦 Dropbox, que validó su concepto con un simple video antes de escribir una línea de código. Brillante. Por otro, veo startups que lanzan aplicaciones rotas justificándose con «es que es nuestro MVP».

La diferencia está en la intención. Drew Houston no hizo un video cutre; hizo un video que comunicaba perfectamente la propuesta de valor de Dropbox. 🛍️ Zappos no montó una web chapucera; creó una experiencia de compra real comprando zapatos en tiendas físicas y enviándolos manualmente. La clave está en el «viable», no solo en el «mínimo».

Los nuevos anti-patterns del MVP en 2025

Lo que observo en el ecosistema actual me preocupa. Tenemos tres anti-patterns principales:

El MVP como coartada: Equipos que usan el concepto para justificar productos mal diseñados o con bugs evidentes. «Tranquilo, es solo un MVP» se ha convertido en la nueva excusa para la mediocridad.

El MVP perpetuo: Startups que llevan dos años «iterando su MVP» sin llegar nunca a un producto real. Es como estar eternamente en beta.

El MVP de feature: La obsesión por añadir funcionalidades en lugar de profundizar en el problema core. He visto MVPs que intentan resolver 15 problemas diferentes a la vez.

La evolución necesaria: del MVP al MLP

Desde mi experiencia, creo que necesitamos evolucionar hacia el concepto de «Most Lovable Product» (MLP). En un mundo saturado de apps y servicios, ya no basta con ser viable; hay que ser deseable. Los usuarios de 2025 tienen tolerancia cero para experiencias mediocres, incluso si son «solo un MVP».

Tomemos el caso de las startups españolas que han triunfado. Glovo no empezó siendo perfecto, pero desde el primer día resolvía el problema de manera elegante. Su «MVP» era ir en bicicleta a comprar lo que necesitaras, pero la experiencia era impecable. Wallapop comenzó simple, pero cada interacción estaba pensada para generar confianza entre usuarios.

El secreto está en identificar qué aspecto de tu producto debe ser excepcional desde el día uno. Si eres una fintech, la seguridad no puede ser «mínima». Si eres una app de citas, la UX no puede ser «viable». Hay elementos core que definen tu categoría y no admiten compromisos.

Herramientas y tácticas para el MVP moderno

La buena noticia es que crear MVPs de calidad es más fácil que nunca. Herramientas como Bubble te permiten prototipar funcionalidades complejas sin código. Figma y sus plugins de IA aceleran el diseño. Notion puede servir como backend para validar flujos de trabajo.

Pero aquí viene mi perspectiva contrarian: no te enamores de las herramientas no-code para todo. He visto demasiados «MVPs» construidos en Bubble que nunca pudieron escalar porque los fundadores se quedaron atascados en la herramienta. Úsalas para validar, pero ten claro cuándo es momento de construir en serio.

Mi veredicto: el MVP está muerto, larga vida al MVE

Mi opinión personal contundente es que necesitamos matar el concepto tradicional de MVP y abraizar el «Minimum Viable Experience» (MVE). En los próximos dos años, las startups que sobrevivan serán aquellas que entiendan que en un mundo de atención fragmentada, la primera impresión no solo cuenta: es definitiva.

El futuro pertenece a los emprendedores que sepan balancear velocidad con calidad, minimalismo con elegancia. No se trata de hacer menos; se trata de hacer lo correcto. Y lo correcto, en 2025, es crear experiencias que la gente recuerde por las razones adecuadas.

Si estás construyendo tu próximo MVP, pregúntate esto: ¿estarías dispuesto a pagar por esta experiencia? Si la respuesta es no, no lo lances. El mercado ya tiene suficientes productos mediocres justificados por la metodología lean.

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