La startup berlinesa instala agricultura urbana modular en tiendas de 25 ciudades, gestionada desde la nube
Agricultura en el corazón de la ciudad
Mientras los supermercados tradicionales transportan lechugas desde campos a cientos de kilómetros de distancia, Infarm ha instalado granjas verticales hidropónicas directamente en los pasillos de tiendas, restaurantes y edificios residenciales. La startup berlinesa, fundada alrededor de 2016, ha desarrollado un sistema modular que permite cultivar hierbas, verduras y frutas en entornos urbanos sin necesidad de tierra, pesticidas ni largos trayectos logísticos.
El concepto no es meramente estético. Cada unidad de Infarm puede producir hasta 1.200 plantas al mes, mientras que sus centros de cultivo modulares —estructuras de entre 10 y 18 metros de altura— equivalen en capacidad productiva a 10.000 metros cuadrados de agricultura tradicional. La diferencia radica en el uso de tecnología: hidroponía, iluminación LED optimizada y gestión centralizada mediante una plataforma en la nube que controla temperatura, humedad y nutrientes las 24 horas del día.
El modelo de negocio: vender infraestructura, no productos
A diferencia de otras empresas agrícolas que venden directamente al consumidor, Infarm opera bajo un modelo B2B (business-to-business, o negocio a negocio). La compañía no comercializa lechugas ni albahaca: vende, arrienda e instala las propias granjas verticales a supermercados, cadenas de restauración, bloques de viviendas y colegios.
Una vez instaladas, Infarm mantiene la gestión operativa completa de las unidades. Los clientes no necesitan personal especializado ni conocimientos agronómicos: la startup se encarga del mantenimiento, la reposición de semillas y nutrientes, y el monitoreo remoto desde su plataforma tecnológica. Este enfoque permite a minoristas como supermercados ofrecer productos frescos cultivados in situ, reduciendo mermas por transporte y almacenamiento.
Según datos de la compañía, ya suministra al 50% de los mayores minoristas globales y opera más de 50.000 metros cuadrados de instalaciones con cientos de granjas distribuidas en tiendas de 25 ciudades. La expansión geográfica ha sido uno de los pilares de su estrategia, llevando el concepto de agricultura urbana a mercados donde el espacio cultivable es escaso o el clima dificulta la producción local.
Eficiencia hídrica y logística
Los números de sostenibilidad que maneja Infarm son significativos. La compañía afirma que sus sistemas utilizan un 95% menos de agua que la agricultura convencional, gracias a la recirculación constante del agua en los sistemas hidropónicos. Además, al eliminar la necesidad de transporte desde zonas rurales, reduce en un 90% las emisiones asociadas a la logística de distribución.
El cultivo sin pesticidas es otro elemento diferenciador. Al operar en entornos controlados, las plantas no están expuestas a plagas externas, lo que elimina la necesidad de químicos para protección. Esto no solo responde a demandas de consumidores cada vez más preocupados por la trazabilidad alimentaria, sino que también simplifica los procesos de certificación y cumplimiento normativo.
Financiación y respaldo inversor
Infarm ha captado 601,87 millones de dólares en nueve rondas de financiación, aunque existe una discrepancia en las fuentes que sitúa la cifra en 801,9 millones. Entre las rondas destacadas figura una Serie A (primera gran inversión de un fondo de capital riesgo) de 25 millones de dólares liderada por Balderton Capital, con participación de Cherry Ventures —que previamente había invertido 4 millones en una ronda semilla—, Triple Point Capital, Mons Investments, Quadia y LocalGlobe.
Este nivel de financiación sitúa a Infarm entre las startups de agricultura vertical mejor capitalizadas del sector, aunque por debajo de competidores estadounidenses como AeroFarms y Plenty, que han captado cifras superiores y cuentan con instalaciones de mayor escala en Estados Unidos. La diferencia estratégica radica en el enfoque: mientras AeroFarms y Plenty operan grandes centros de producción centralizados, Infarm apuesta por la distribución modular en puntos de venta.
Tecnología en la nube para agricultura descentralizada
La plataforma tecnológica de Infarm es el núcleo operativo del negocio. Cada granja vertical está conectada a un sistema centralizado que recopila datos en tiempo real sobre el crecimiento de las plantas, ajusta automáticamente parámetros como la intensidad lumínica o la concentración de nutrientes, y permite a la compañía optimizar recetas de cultivo para diferentes variedades vegetales.
Este enfoque basado en datos permite escalar el modelo sin necesidad de aumentar proporcionalmente el personal. Con más de 40 empleados, Infarm gestiona cientos de instalaciones distribuidas geográficamente, algo que sería inviable con métodos tradicionales de supervisión agrícola. La automatización no solo reduce costes operativos, sino que también mejora la consistencia del producto final: cada lechuga cultivada en Berlín tiene las mismas características que una cultivada en Londres o París.
Competencia y diferenciación en un mercado emergente
El sector de la agricultura vertical está en plena expansión, impulsado por la urbanización creciente, la escasez de tierras cultivables y la demanda de alimentos locales. Sin embargo, también enfrenta desafíos económicos: los costes energéticos de la iluminación LED y la climatización son elevados, y la rentabilidad depende de alcanzar economías de escala.
Frente a AeroFarms, que opera instalaciones de más de 6.500 metros cuadrados en Nueva Jersey, o Plenty, respaldada por inversores como SoftBank y Jeff Bezos, Infarm ha optado por un modelo más fragmentado pero con mayor capilaridad. En lugar de construir megagranjas, instala unidades más pequeñas en múltiples ubicaciones, lo que reduce el riesgo de concentración y permite adaptarse a las necesidades específicas de cada cliente.
Esta estrategia tiene ventajas comerciales: un supermercado puede ofrecer productos cultivados a pocos metros del lineal, un argumento de marketing potente en un contexto donde los consumidores valoran la frescura y la sostenibilidad. Pero también implica mayor complejidad logística y de mantenimiento, ya que cada instalación requiere supervisión y reposición de insumos.
Retos de escalabilidad y rentabilidad
A pesar del respaldo financiero y la expansión geográfica, Infarm no ha hecho públicas métricas de ingresos, márgenes operativos ni crecimiento reciente. Esta opacidad es común en startups de capital riesgo que priorizan la expansión sobre la rentabilidad a corto plazo, pero también dificulta evaluar la viabilidad económica del modelo a largo plazo.
El sector de la agricultura vertical ha visto fracasos sonados en los últimos años, con empresas que no lograron alcanzar el punto de equilibrio debido a los altos costes energéticos y de infraestructura. La clave para Infarm será demostrar que su modelo distribuido puede generar márgenes sostenibles sin depender indefinidamente de nuevas rondas de financiación.
Otro desafío es la competencia con la agricultura tradicional en términos de precio. Aunque los productos de Infarm eliminan costes de transporte y reducen mermas, los costes de producción por unidad siguen siendo superiores a los de cultivos al aire libre en regiones con clima favorable. La propuesta de valor debe centrarse, por tanto, en atributos como frescura, trazabilidad y sostenibilidad, que justifiquen un precio premium.
Perspectivas de futuro
La agricultura vertical no sustituirá a la producción tradicional de cereales o tubérculos, pero tiene potencial para transformar el cultivo de hortalizas de hoja verde, hierbas aromáticas y algunos frutos en entornos urbanos. Infarm ha demostrado que el modelo es técnicamente viable y que existe demanda por parte de grandes minoristas.
El siguiente paso será demostrar que también es económicamente sostenible sin depender de capital externo. La expansión a nuevos mercados, la optimización de costes energéticos mediante energías renovables y la diversificación de cultivos serán factores determinantes para consolidar su posición en un sector que, pese a su atractivo conceptual, aún debe probar su viabilidad a escala masiva.